LA HERMANDAD DEL PADRENUESTRO



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ó DIRECCIÓN POSTAL: C.C. nº 7 - B1880WAA Berazategui - Argentina
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En la sociedad actual parecería que el tiempo corre más rápidamente cada día. No hay mucho espacio libre en nuestros horarios y todo debe hacerse en forma breve y resumida. El tratamiento espiritual de nuestra alma también sufre esta falta de lugar. No podemos detenernos a rezar un Rosario entero o dedicar una hora para asistir a Misa: el trabajo, los estudios, los compromisos nos exigen velocidad y eficiencia, nada de pérdidas de tiempo. Pero Dios en su Eterna Sabiduría ya había previsto la solución a este febril ritmo de vida, para que los hombres no se alejaran definitivamente de él escondiéndose detrás de la excusa del tiempo perdido.

DE UN LADO A OTRO
Los apóstoles seguían a Jesús de una ciudad a otra, casi sin dormir, descansar o comer debidamente. El ritmo que Nuestro Señor imponía era vertiginoso. Sabía que tenía mucho que hacer antes de que la hora de entregarse llegara, y lo hacía sin demoras, con pasión y fuerza, arrastrando tras de sí a quienes quisieran acompañarlo. Sus discípulos aprovechaban las pocas ocasiones en que se detenía a hablarles para pedirle consejos. Cierta vez lo interrogaron acerca de la oración, y su preocupación era justificada: con tanto viaje, exorcismos, bendiciones, visitas y discusiones con los enemigos, necesitaban una forma segura y eficaz de orar y eso es exactamente lo que pidieron a su Maestro. Así lo relata el Evangelio (Mt 6, 9-13):
“Estando él [Jesús] en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”. En respuesta a esta petición, el Señor confía a sus discípulos y a su Iglesia la oración cristiana fundamental: EL PADRENUESTRO (Mt 6, 9-13).
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén


LA ORACIÓN PERFECTA
Desde ese momento y hasta nuestros días, los católicos tenemos en nuestras manos el arma más fuerte y poderosa que se pueda encontrar en materia espiritual: una oración enseñada por Dios mismo. Une todos los aspectos de la vida humana en su relación con Dios y nos permite tener comunicación con Él en cualquier lugar y momento. Ante un problema, PADRENUESTRO; frente a una decisión importante, PADRENUESTRO; cuando vivimos un instante de felicidad y deseamos dar gracias a Dios, PADRENUESTRO; para unir a nuestra familia, PADRENUESTRO; en defensa contra los males que nos desean, PADRENUESTRO; al visitar el Cementerio, por nuestros difuntos, PADRENUESTRO; antes de un viaje, PADRENUESTRO; frente a una operación o tratamiento médico, PADRENUESTRO; mientras esperamos en el semáforo la luz verde, PADRENUESTRO... ¡y cuántas otras oportunidades diarias tenemos de pedir la ayuda de Dios, más poderosa y efectiva que la de cualquier hombre!

YO REZO A MI MANERA...
He aquí el gran error que tantos cometen, al creerse superiores a Dios y pensar que tienen derecho a inventar una forma mejor de rezar que la que el mismo Creador ha pensado para nosotros, ¡que gran equivocación! ¡Qué desprecio innecesario hacia el Señor!

LA OPORTUNIDAD
Hoy queremos ofrecer a nuestros lectores la oportunidad de unirse a la HERMANDAD DEL PADRENUESTRO; integrada por todos aquellos que prometen rezar cada día, al menos una vez esta oración. Sólo deben remitirnos un correo electrónico, postal o llamada telefónica a la dirección del Santuario, inscribiéndose gratuitamente en la Hermandad. Sin otro requisito que el mencionado, basta que lo hagan con su nombre, sin dejar dirección o teléfono. Una vez al mes, el Primer Sábado de cada mes, se realizará una Misa por las intenciones de todos los integrantes de la Hermandad y sus intenciones. El compromiso es personal y solo con Dios. Si en una familia hay cuatro integrantes, los cuatro podrán anotarse individualmente. Si dejan constancia de su domicilio, recibirán por correo la tarjeta de participación en la HERMANDAD DEL PADRENUESTRO. Nuestras oraciones unidas serán más fuertes que cualquier mal y lograremos así atender, al menos mínimamente, las necesidades de nuestra alma inmortal. Si Usted nunca rezó, esta es la hora de empezar, y si siempre rezó, ¿por que no unir nuestras oraciones? Un PADRENUESTRO; una vez al día... ¿le parece mucho?











HISTORIA DE LA DIVINA MISERICORDIA


JESÚS EN VOS CONFÍO


“LA HUMANIDAD NO ENCONTRARÁ
NI PAZ NI TRANQUILIDAD
HASTA QUE NO SE VUELVA CON CONFIANZA
A MI DIVINA MISERICORDIA”


(Palabras de Jesús Misericordioso a Santa Faustina Kowalska)


DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA
Tal como la enseñó Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska


LOS DUROS COMIENZOS
El 5 de octubre de 1938, moría en un convento de Cracovia (Polonia) una humilde religiosa polaca, Sor Faustina Kowalska, de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad. Había cumplido apenas 33 años.
Durante su vida las hermanas de Sor Faustina no sospechaban nada de las extraordinarias experiencias místicas de su compañera: sólo pocos años después de su muerte, cuando comenzó a difundirse la devoción a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina, se comenzó a hablar también de ella. La Madre General de la Congregación consideró entonces llegado el momento de informar oficialmente a las hermanas acerca de la misión que Jesús había encomendado a Sor Faustina, a saber, la de promover en el mundo la devoción a Su Divina Misericordia. A muchas de las Hermanas ya eran familiares aquellas nuevas formas de devoción, pues se practicaban en algunos de sus conventos y aún fuera de ellos, sin sospechar que Sor Faustina tenía algo que ver con ellas, porque el encargado de difundirlas no fue ella, sino su confesor. Mayor difusión comenzó a tener la Devoción a la Divina Misericordia al estallar la Segunda Guerra Mundial, en 1939, cuya primera víctima fue precisamente Polonia. Para facilitar a la gente la práctica de la devoción, se abrió al público también la capilla del Convento de las Hermanas en la que estaba expuesta la imagen de Jesús Misericordioso. Como en el mismo convento estaba sepultada Sor Faustina, los visitantes de la capilla solían visitar también su tumba. Los graves sufrimientos y las angustias que trajo consigo la guerra impulsaban a la gente a refugiarse en la devoción a Jesús Misericordioso. Así crecía el número de las iglesias en las que se entronizaba su imagen. Además, se erigían por doquier centros de difusión de la Devoción a la Divina Misericordia, que en 1951 ya eran 130. Ya durante la guerra, y más aún después de terminada ésta, la devoción comenzó a difundirse también en otros países como en Rusia, Francia y Estados Unidos. La creciente difusión de esta devoción en las formas propuestas por Sor Faustina parecía contradecir los que ella misma escribiera en su Diario espiritual profetizando que la devoción «caería en completa ruina» pero que después se manifestaría «la acción de Dios con gran poder que pondrá en evidencia su autenticidad. Será un nuevo esplendor para la Iglesia, aunque haya estado dormida en ella por mucho tiempo». La primera parte de la predicción de Sor Faustina se cumplió cuando la Santa Sede, actuando en base a informes inexactos e insuficientes, prohibió en marzo de 1959 la difusión de la devoción a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina. La remoción de las imágenes de Jesús Misericordioso de las iglesias se dejó a la discreción de los obispos. De la mayoría de las iglesias de Polonia fueron removidas, mientras que el Arzobispo de Cracovia dispuso que las imágenes podían quedarse en las iglesias de su Diócesis y que los fieles podían seguir rezando ante ellas. Después de años, la Santa Sede, comenzó a interesarse de nuevo por este asunto y encomendó al entonces Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, promotor de la causa de beatificación de Sor Faustina, que actuara con prontitud antes de que murieran todos los testigos. En Abril de 1978, en base al examen de documentos originales que antes no se conocían, la Santa Sede retiró la prohibición de 1959, que había durado casi 20 años. Quitada la prohibición, la devoción a la Divina Misericordia cobró nuevo impulso y actualmente se está difundiendo rápidamente por todo el mundo.
La persona que más trabajó para este cambio de actitud de la Santa Sede fue el Cardenal Karol Wojtyla quien seis meses después del Decreto quitando la prohibición, el 16 de octubre de 1978, fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Así comenzó a cumplirse la segunda parte de la profecía de Sor Faustina, según la cual “esta devoción se difundirá en toda la Iglesia”.

LA IMAGEN DE JESUS MISERICORDIOSO

«Di a la humanidad angustiada que se refugie en mi Corazón Misericordioso y Yo lo llenaré de paz».
«La Humanidad no encontrará paz hasta que no se vuelva con confianza a Mi Divina Misericordia».
(Palabras de Jesús a Sor Faustina)
El 21 de febrero de 1931, Sor Faustina recibió la primera de sus muchas revelaciones respecto a la misión de su vida; ser confidente, secretaria y mensajera de la Divina Misericordia. En su Diario describe este acontecimiento de la siguiente manera:
«La tarde, cuando me hallaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano alzada en actitud de bendecir y la otra tocaba la vestidura sobre el pecho, salían dos grandes rayos, uno rojo y otro claro.
En silencio tenía yo fija mi mirada en el Señor, mi alma fue presa de temor, pero también de gozo. Después de algunos momentos Jesús me dijo: “Pinta una imagen según el modelo que ves, con la inscripción Jesús en Vos confío. Deseo que esta imagen sea venerada, primero en vuestra capilla, y (después) en el mundo entero
(47).
Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. Prometo también la victoria sobre (sus) enemigos ya en esta tierra, especialmente en la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como a mi propia gloria. Ofrezco a los hombres un recipiente con el cual podrán venir a sacar gracias de la fuente de la Misericordia: este recipiente es esta imagen con la inscripción Jesús en Vos confío.”» (481).
Más tarde Jesús mismo explicó a Sor Faustina el significado de los dos rayos: “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua: el rayo claro representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo representa la Sangre que es la vida de las almas. Estos dos rayos brotaron desde las entrañas de mi más tierna Misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto por una lanza en la cruz. Bienaventurado aquel que vive al amparo de ellos, porque la mano justa de Dios no llegará a tocarlo” (299).
Jesús prometió grandes gracias a los que veneraran esta imagen y Sor Faustina anotó muchas de ellas en su Diario. Citemos un ejemplo: “Por medio de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de ser también un recuerdo de las exigencias de Mi Misericordia, porque la fe, aunque muy fuerte, para nada sirve sin obras” (742).

LA GRAN FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

El 22 de febrero de 1931 Jesús reveló a Sor Faustina su deseo de que se estableciera en toda la Iglesia una fiesta especial en honor a su Divina Misericordia. Sor Faustina oyó a Jesús decir estas palabras: “Hija mía, habla a todo el mundo de mi inconcebible Misericordia. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y asilo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. En ese día están abiertas las inmensas profundidades de mi tierna Misericordia. Derramo todo un océano de gracias sobre aquellas almas que se acerquen a la fuente de Mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Sagrada Comunión obtendrá la total remisión de los pecados y de la pena. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas por las que fluyen las gracias.
Que ningún alma tenga miedo a acercárseme, aún cuando sus pecados sean como escarlata. Mi Misericordia es tan grande que ninguna mente, ni humana ni angélica, será capaz de comprenderla durante toda la Eternidad.
La Fiesta de la Divina Misericordia brotó de las profundidades de mi ternura. Es mi deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua de Resurrección. La Humanidad no tendrá paz hasta que se vuelva a la fuente de la Misericordia”.
(699).
Jesús desea, pues, ardientemente que sea instituida en toda la Iglesia esta Fiesta y fija Él mismo el día de su celebración, a saber, el primer domingo después de Pascua, antiguamente llamado In Albis. En otra ocasión Jesús completó su anterior revelación, cuando dijo a Sor Faustina: “Tu misión y tu deber aquí en la tierra es pedir Misericordia para todo el mundo. Ningún alma será justificada hasta que no se vuelva con confianza a Mi Misericordia y por esto, el primer domingo después de Pascua deber ser la Fiesta de la Misericordia. En ese día deben los sacerdotes hablar a todos de cuán grande e insondable es mi Misericordia. Di al confesor (P. Sopocko) que la imagen debe estar en un lugar visible en la iglesia y no en la clausura de su convento. Por medio de esta imagen otorgaré muchas gracias a las almas; que todas las personas tengan acceso a ella” (570).
De aquí surge claramente que festejar en otro día que el establecido por el mismo Señor, es un atrevimiento que no cuenta con las promesas que Él hizo, ligadas al cumplimiento de sus instrucciones.
En muchos casos se ponen días fijos, mensuales, para esta fiesta que es ANUAL, por simple motivo de aumentar las arcas parroquiales con la venta de objetos religiosos. Jesús sólo habló de la Imagen, y de ninguna otra cosa.
Los inventos comerciales (llaveros, encendedores, lapiceras, escapularios) tampoco tienen promesa alguna y son una ofensa para la seriedad de la Devoción.
En los siguientes párrafos veremos cuales son las auténticas oraciones enseñadas por Nuestro Señor, para diferenciarlas de las creadas por los hombres, sobre las cuales EL SEÑOR NO HA HECHO NINGUNA PROMESA.
Si Él reveló a la Santa Faustina una forma determinada de Devoción, y ésta ha sido aprobada por la Iglesia, es la que debemos seguir si deseamos agradar a Jesús Misericordioso, desechando las trampas de los que quieren negociar con la fe.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

El 13 de septiembre de 1935 Sor Faustina escribió en su Diario: «Vi un Ángel, ejecutor de la ira de Dios. Estaba por castigar la tierra. Cuando lo vi en esta actitud empecé a implorarle que esperara un poco, para que el mundo hiciera penitencia, pero mis oraciones fueron impotentes frente a la ira de Dios. En ese momento sentí en mi alma el poder de la gracia de Jesús que habita en ella. Me vi transportada ante el trono de Dios pidiendo Misericordia para el mundo con las palabras que oí en mi interior. Cuando oraba de esta manera, vi que el Ángel era impotente para llevar a cabo el justo castigo. Nunca antes recé con tanta fuerza interior como entonces. Las palabras con las que supliqué a Dios, fueron: “Eterno Padre, yo te ofrezco el Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de tu muy amado Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y de los de todo el mundo”. A la mañana siguiente, al entrar en la capilla, oí interiormente estas palabras: “Esta oración servirá para apaciguar mi ira. Recítala durante nueve días sirviéndote del Rosario de la siguiente manera: primero reza un Padrenuestro, un Ave María y el Credo. Después dirás una vez las siguientes palabras: “Por su dolorosa Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero”. Para concluir (al llegar a las tres últimas cuentas del Rosario, antes de la Cruz) dirás tres veces las siguientes palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero”» (476).
He aquí como nació la Coronilla de la Divina Misericordia, la única a la cual Jesús unió grandes promesas, como por ejemplo: “Incesantemente reza este pequeño rosario que te he enseñado. Quien lo recite recibirá gran Misericordia a la hora de la muerte. Que los sacerdotes lo recomienden a los pecadores como su última esperanza de salvación. Aún cuando se tratase del pecador más endurecido, si recitare, aunque sea una sola vez, este pequeño rosario, recibirá la gracia de Mi Misericordia infinita. Deseo que todo el mundo conozca Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellas almas que confían en Mi Misericordia.” (687).
La Misericordia de Jesús es infinita, lo que “no sabe” –por decirlo así– es cómo convencer a los hombres de que deben confiar en ella, cualquiera sea su miseria espiritual. Así Jesús promete una asistencia especial a los moribundos por medios de esta Coronilla: “A la hora de la muerte Yo defenderé como a Mi propia gloria a toda alma que rezare este pequeño rosario y, si otros lo rezaren por un moribundo, el favor será el mismo. Si este rosario se reza al lado de un moribundo la ira de Dios se aplaca y la insondable Misericordia envuelve al alma” (181).

LA HORA DE LA GRAN MISERICORDIA

En una visión Sor Faustina comprendió que Dios bendecía la tierra a causa de Jesús. En su Diario escribe: “Vi una gran luz y en su centro a Dios Padre. Entre esa luz y la tierra vi a Jesús, clavado en la cruz, de tal manera que Dios, queriendo mirar la tierra, debía hacerlo a través de las llagas de Jesús. Comprendí que Dios bendecía la tierra a causa de Jesús”. (60).
Una de las devociones más amadas de Nuestro Señor es la veneración de su Pasión, en especial, a la hora en que Él había muerto en la cruz. El misterio de su muerte y Resurrección nos abrió las puertas del Cielo. Jesús pide que lo recordemos en aquella hora bendita como lo ha manifestado a Sor Faustina: “A las tres de la tarde implora mi Misericordia especialmente para los pecadores, y aunque sea un breve instante, piensa en mi Pasión, sobre todo en el abandono en el momento de mi agonía. Es la hora de la gran Misericordia para todo el mundo...
En esa hora no rehusaré nada al alma que me pida algo apelando a Mi Pasión”.
(1320).

NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

Jesús pidió a Sor Faustina que se preparara a la Fiesta de la Divina Misericordia con una novena que debía comenzar el Viernes Santo para terminarla en la víspera del primer domingo después de Pascua.
“Deseo que durante estos nueve días lleves las almas a la fuente de mi Misericordia para que de ella saquen fuerza y alivio y toda clase de gracias que necesiten en los trabajos de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día llevarás a mi Corazón un grupo diferente de almas y las sumergirás en este océano de mi Misericordia y Yo introduciré a todas estas almas en la casa de mi Padre. Ésto lo harás en esta vida y en la futura. No negaré nada a ningún alma que tú lleves a la fuente de mi Misericordia. Cada día pedirás a mi Padre las gracias necesarias para estas almas, apelando a mi amarga Pasión” (1209).
En cuanto, pues, a la novena como preparación a la Fiesta de la Misericordia, ésta se recomienda vivamente de acuerdo al expreso deseo de Nuestro Señor para honrar a la Divina Misericordia.
Las instrucciones de Nuestro Señor respecto a esta novena son: “Cada día llevarás a Mi Corazón un grupo diferente de almas; las sumergirás en el océano de mi Misericordia. Cada día pedirás a mi Padre gracias por estas almas, apelando a mi amarga Pasión.”

EL SACRAMENTO DE LA MISERICORDIA

Todos los sacramentos son signos por los que nos llega la Misericordia de Dios, pero de manera especial lo es el Sacramento de la Confesión, ya que en él Jesús, el Buen Pastor, manifiesta admirablemente su incansable amor para con el hombre pecador –¿y quién no lo es?– purificándolo siempre de nuevo con su Sangre. No debe extrañarnos, pues, que en las nuevas formas de la devoción a su Misericordia que Jesús hizo conocer por medio de Santa Faustina, el sacramento de la Confesión tenga un puesto de importancia.
Jesús urgía a Sor Faustina al respecto: “Escribe, habla de mi Misericordia. Di a las almas dónde deben buscar el consuelo: en el tribunal de la Misericordia, donde se realizan y se repiten incesantemente los más grandes milagros. Para aprovecharse de este milagro no es necesario emprender largas peregrinaciones o llevar a cabo algún difícil rito externo: basta acudir con fe a los pies de mi representante, descubrirle tu miseria y el milagro de la Divina Misericordia se realizará plenamente. Aun cuando un alma fuese semejante a un cadáver en descomposición, de manera que humanamente no hubiera ninguna esperanza de reavivarlo y todo estaría perdido, para Dios no es así. El milagro de la Divina Misericordia resucita a tal alma. ¡Infelices de aquellos que no se aprovecharen de este milagro de la Divina Misericordia! Un día la llamaréis en vano, porque será demasiado tarde” (1448). Además del sincero arrepentimiento de sus pecados, el pecador debe acercarse al sacramento de la Confesión (como a todos los demás sacramentos) con una Fe grande y una confianza ilimitada en el Amor Misericordioso de Jesús. Así lo dijo Jesús a Sor Faustina y por medio de ella nos lo dice a nosotros: “Hija, cuando vas a la Confesión, a esta fuente de Mi Misericordia, la Sangre y Agua, que brotaron de mi Corazón, se derraman sobre tu alma y la ennoblecen. Cada vez que te vas a confesar, sumérgete totalmente en Mi Misericordia, con gran confianza, para que pueda yo derramar sobre tu alma la abundancia de mi gracia. Cuando te acerques al confesionario debes saber que Yo mismo te estoy esperando. Yo estoy como escondido en el sacerdote, ya que soy Yo mismo quien actúa en tu alma. Ahí la miseria del alma se encuentra con la Misericordia de Dios. Di a las almas que sólo con el recipiente de la confianza pueden obtener gracias de esta fuente de Misericordia. Si su confianza es grande, Mi generosidad no tiene límites. Torrentes de gracias inundan a las almas humildes, mientras que los soberbios permanecen en su pobreza y miseria, porque mi gracia se aparta de ellos para darse a los humildes” (1602).
La recepción del Sacramento de la Confesión es también una de las condiciones para obtener en la Fiesta de la Divina Misericordia la gran promesa del perdón total de los pecados y de las penas temporales por ellos merecidos. No es necesario que la Confesión se haga el día de la Fiesta, puede hacerse algunos días antes o también después, siempre que no sea necesario hacerla antes de la Comunión a causa de pecados graves cometidos que impedirían recibir dignamente la Comunión en la Fiesta. Es interesante señalar que el Evangelio de ese domingo relata precisamente la institución del sacramento del perdón.